APRENDIZAJE COOPERATIVO
Uno
de los objetivos del aprendizaje es formar personas capaces de
interpretar los fenómenos y los acontecimientos que ocurren a su
alrededor. A menudo, al profesorado nos resulta difícil reconocer las
dificultades de aprendizaje que va encontrando el alumnado durante su
vida escolar para adquirir nuevos conocimientos.
Para
aprender, el alumnado debe entrenarse en reconocer las dificultades y
los errores que comete durante el proceso de aprendizaje con el objetivo
de poder superarlos, es decir, para que realice el aprendizaje de la autorregulación .
Para ayudar al alumnado en este proceso, disponemos fundamentalmente de
dos elementos: los diferentes instrumentos y estrategias de evaluación y
la gestión del aula en grupos de trabajo cooperativo. La concepción de
la evaluación entendida como autorregulación de los aprendizajes va
extendiéndose poco a poco en las aulas, a nivel de la enseñanza
secundaria. Algunos instrumentos de evaluación, como la confección de mapas conceptuales por el propio alumnado, el uso de bases de orientación y la técnica de la V heurística que acompaña la realización de un trabajo práctico, son cada vez menos desconocidos para el profesorado.
Para
conseguir la formación de chicas y chicos autónomos que construyan su
sistema personal de aprender, debemos tener en cuenta algo más que los
contenidos escolares y la potenciación de determinadas habilidades
intelectuales incluidas en la inteligencia analítica. Tal como se señala
en otros trabajos, parto de la idea de que en las actividades de
aprendizaje la relación entre lo cognoscitivo y lo afectivo es
indisociable del campo motriz (Solsona, 1998). Tenemos que dar
importancia a la educación afectiva en un sentido amplio. No podernos
olvidar que la inteligencia está conectada con los afectos y los
sentimientos y no se puede desdeñar la estructuración de éstos mediante
actividades como el fomento del trabajo cooperativo en comparación con
el poco lugar disponible en la clase magistral.
En
general, las personas no aprendemos solas, sino que estamos integradas
en un contexto social que da sentido a lo que aprendemos. Las
estructuras de conocimiento se originan y aplican en contextos de
experiencia concretos. En el caso del alumnado, el contexto social está
formado por sus familias, el centro escolar y los valores presentes.
Este contexto es el que puede hacerle sentir necesidad de lo que falta
por aprender y de lo que hay que ajustar en el proceso de aprendizaje.
Una
clase interactiva es aquella en la que se destina espacio y tiempo a la
interacción entre pares, entre el propio alumnado, frente al
planteamiento de la clase magistral que privilegia la interacción entre
un chico o una chica y el profesor o profesora. Una perspectiva
interaccionista del aprendizaje plantea la necesidad de favorecer
situaciones en las que el alumnado aprenda a discutir, compartir tareas y
contrastar puntos de vista. Para ello es importante que desde el primer
momento la clase sea un lugar en el que todo el mundo pueda aportar
algo a su desarrollo.
OPINIÓN:
Nuestro
grupo ha decidido elegir este artículo porque nos resulta interesante
desde el punto de vista del aprendizaje cooperativo, ya que el documento
resume perfectamente todos los aspectos que consideramos más
importantes sobre este tema.
El
profesor muestra cada vez más dificultades a la hora de llegar a
entender al alumno, y el alumno tiene más complicaciones de comprender,
asimilar y utilizar en la práctica lo que el profesor pretende
enseñarle, dando lugar a que resulte complicado la interacción entre
alumno-profesor y el aprendizaje de dicho alumno.

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